La morfología de la abeja

Una morfología adaptada

Una morfología adaptada

La naturaleza no dejando nada a la casualidad, ha creado con la abeja un insecto completamente adaptado a los diferentes roles que asume en el seno de la colmena.

Los ojos

Compuestos de 4.000 a 6.000 caras hexagonales, le permiten tener una elevada velocidad de fusión de imágenes, lo cual facilita la detección de cualquier movimiento. Asociado a un campo de visión muy amplio, cercano a 360º, le permite ubicarse con precisión y reaccionar rápidamente frente a eventuales predadores.

Sus ojos: Sus ojos compuestos muy móviles y muy perfeccionados, le permiten ver en todas direcciones alrededor de ella, incluso detrás.

Las antenas

Sus dos antenas, están en continuo movimiento, gracias a una quincena de articulaciones, son los órganos centrales de la percepción y del entorno de la abeja. Llevan entre 3.000 a 30.000 sensilias de 7 tipos diferentes: por ejemplo las sensilias basoconicas, en forma de pelo, los cuales perforan la pared para permitir a las moléculas odoríferas acceder al flujo sensiliar. Las abejas son muy sensibles a los olores, pueden localizar fuentes lejanas de néctar, y pueden comunicar entre ellas mediante secreciones “olfativas”. Las antenas también sirven a las abejas para conocer su entorno físico, nivel de gas carbónico, humedad. Contribuyen a la distinción de los sabores, y le dan indicaciones sobre su velocidad de vuelo.

La boca

Su boca tiene dos mandíbulas poderosas, que sirven para cortar, pinzar, cepillar, dar forma a las escamas de cera, amasar el propóleo, construir las paredes de los alvéolos ... La abeja posee una trompa dotada de una lengua retráctil que le permite aspirar hasta lo más profundo de las flores.

Las patas

Sus seis patas son también una herramienta de trabajo muy perfeccionada: las patas delanteras, provistas de pequeñas ventosas le permiten agarrar el polen, engancharse a cualquier soporte, y limpiar sus antenas. Las patas posteriores peludas y con hendiduras en forma de cuchara, están dotadas de bolsas de polen o cestillas, donde carga y amontona, su precioso botín y de ganchos que le permiten colgarse las unas a las otras para formar un enjambre o una cadena cerera .

El abdomen contiene el buche, especie de depósito donde la abeja acumula el néctar, la miel, la mielada, el agua, que puede después regurgitar según sus necesidades.

Las alas
Dos pares de alas membranosas, ofrecen una resistencia al aire débil, le permiten volar en todos los sentidos, hacia delante, hacia atrás, de lado, son potentes ventiladores, que pueden también producir sonidos particulares que les sirven de medio de comunicación.

El aguijón

La abeja como la avispa, posee un aguijón, pero solo pica una vez, en caso de agresión o urgencia, para defender su colmena y sus reservas: su aguijón clavado arranca una parte de su abdomen, y muere rápidamente.

Sentidos muy desarrollados

El olfato por el bies de sus antenas multifuncionales.

La vista de 360º gracias a sus ojos compuestos cada uno por cerca de 4.000 a 6.000 caras equipada de un lente cornea, un cono cristalino y nervio óptico.

El tacto gracias a sus receptores sensitivos dispuestos por todo su cuerpo pero más particularmente en sus antenas.

El gusto gracias a sus patas anteriores sensibles a cualquier solución azucarada, sus antenas y su boca.

El oído gracias a las vibraciones percibidas por las patas traseras, gracias a sus antenas.

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